2007-09-13

LA TRANSFORMACIÓN DE LA TIERRA POR EL HOMBRE

por Pedro Landsberger

Todo indica que la transformación producida por el ser humano en el planeta ha alcanzado un nivel, un ritmo y una calidad nunca antes vistos. De esta manera, estaríamos llegando – si es que no llegamos ya – a traspasar ciertos límites críticos asociados a la naturaleza finita de los ecosistemas terrestres, con resultados desastrosos para la vida misma.
Ya en 1970, es decir, hace 35 años atrás, el Club de Roma (una agrupación que se inició con 35 personalidades de 30 países entre los que se contaban académicos, científicos, investigadores y políticos) llamó la atención acerca de este problema, señalando que si no se modificaban los métodos y procesos de producción y consumo, se llegaría a una situación insostenible y posiblemente catastrófica en el curso del siglo 21. El informe –con el título de “Los Límites del Crecimiento”- basado en los mejores procedimientos de análisis y cálculo y la más avanzada capacidad científica de la época, provocó un gran impacto en muchos sectores, pero en definitiva fue combatido o ignorado, y no se tradujo en acciones significativas en la práctica concreta.

Una actualización llevada a cabo por el propio Club treinta años después, no sólo confirmó gran parte de las tendencias y problemas detectados, sino que estimó que el ritmo de avance de los fenómenos era frecuentemente mayor del previsto y que, por tanto, los tiempos se iban acortando dramáticamente.
Un resumen muy escueto de las amenazas más visibles al equilibrio ecológico terrestre son – entre muchas otras – las siguientes:

1. El aumento sostenido de la emisión de CO2 y otros gases a la atmósfera, que producen el “efecto invernadero” y provocan un aumento de la temperatura global del planeta, que se estima conducirá a resultados catastróficos en varios aspectos

2. La llegada en los próximos años del “cenit del petróleo” (pick del petróleo en inglés), es decir, del momento en que comenzará a disminuir globalmente la cantidad de petróleo extraída año a año (lo mismo es válido para el gas natural)

3. El agotamiento progresivo de los recursos de agua. No sólo nos encontramos con que una cuarta parte de la población mundial no tiene acceso a agua segura para cubrir sus necesidades inmediatas, sino que gran parte de la agricultura súper tecnificada que domina la producción mundial de alimentos está fundada en la explotación de aguas subterráneas, que se encuentran en un proceso creciente de disminución y contaminación.

4. Los recursos pesqueros están siendo explotados en su mayoría a plena capacidad o por sobre su potencial de regeneración. En el último medio siglo, se borró de los océanos el 90% de los peces de mayor tamaño.

5. El ritmo de extinción de especies animales y vegetales es el más alto de los últimos 65 millones de años, y está cerca de 1000 veces el grado natural de extinción. Y el Hombre está amenazando muy seriamente la subsistencia de muchas especies que todavía no se han visto afectadas.

6. En 1980 la economía mundial sobrepasó la capacidad regenerativa de la Tierra. Y en 1999 ya la superó en un 20%. Esto significa que se requerirían 1,2 Tierras, o bien 1 Tierra durante 1,2 años para recuperar lo que la Humanidad gastó en 1999.

7. El colapso de antiguas y poderosas civilizaciones tan cercanas a nosotros como las de Pascua y de los Mayas, son considerado ahora por los científicos como asimilables a la situación del mundo capitalista actual.
El Mundo no se ha quedado impávido frente a estos problemas que se le han venido encima. Tanto desde las organizaciones internacionales, como desde los gobiernos, los científicos, los políticos y las agrupaciones sociales se han levantado innumerables voces y sugerencias en los últimos decenios.

Pero las recomendaciones para resolver estos problemas son tremendamente inadecuadas. Se reducen a poco más que:
• Nuevos acuerdos internacionales
• Restricciones individuales en cuanto a reproducción familiar y consumo
• Adopción de las llamadas “tecnologías amigables para el medio ambiente”
Habría que preguntarse cómo y por qué se ha llegado a esta situación. ¿Es que existe algo biológico en la naturaleza humana que nos lleve inexorablemente a estos desajustes? ¿O existe algo que dejamos de hacer cada uno de nosotros en particular y que ha permitido esta situación? Uno se siente a veces entre abrumado y culpable, sin atinar a profundizar en el tema y menos aún buscar remedios realmente eficaces.
En este trabajo nos proponemos mostrar en la medida de nuestras fuerzas que el problema ecológico no se trata de una crisis de la NATURALEZA, sino de una crisis de la SOCIEDAD.

Las causas fundamentales de la destrucción del Medio Ambiente no son biológicas o producto de opciones individuales de cada persona. Son sociales e históricas, con su raíz en las relaciones de producción, en los imperativos tecnológicos y en las tendencias demográficas, condicionados todos ellos por el sistema social dominante. De hecho, el conjunto de problemas enunciados anteriormente es en gran medida el resultado del desarrollo acumulado en el mundo solamente en los últimos 4 siglos.

Y así se explica que los sectores dominantes eludan confrontar el problema en su raíz, y que no se reconozca la necesidad de transformar las bases sociales de la degradación ambiental; a cambio de eso se enredan en discusiones y detalles de factores técnicos de menor alcance práctico. Y en este esfuerzo casi inútil, los sectores ecologistas piden o buscan la ayuda de las corporaciones, de los generadores de políticas y de la ciencia oficial, justamente los principales responsables del desastre ecológico que vivimos.

EL CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

Nos asalta una pregunta acuciante: ¿acaso siempre hubo problemas entre el Hombre y su entorno, o ésta es una novedad de los tiempos modernos?
La Historia nos enseña que las sociedades han estado desde hace mucho tiempo en guerra con el Medio Ambiente, tratando a la naturaleza casi exclusivamente como un recurso a exprimir y un sumidero donde depositar sus basuras. En algunos casos, esto ha conducido a catástrofes ambientales de alcance regional, que arrastraron a su vez a la caída de civilizaciones enteras (ejemplo: los sumerios en la antigüedad, los mayas en la era moderna.)
Sin embargo, la sociedad humana existía a una escala tan reducida que sus efectos sobre el ambiente global eran prácticamente despreciables.

Esto empezó a cambiar con el surgimiento, en etapas, del sistema mundial capitalista (en Europa, hacia el año 1400.) A partir de allí se genera un sistema jerárquico mundial de estados-naciones, con relaciones de colonizador a colonizado, y de más desarrollado a menos desarrollado.

Fueron los europeos los que colonizaron el resto del mundo (primero al “Nuevo Mundo”, luego a Asia y África). En este proceso las potencias europeas extrajeron enormes cantidades de excedente económico –ya sea como metales preciosos (oro, plata) o productos agrícolas (azúcar, especies, café, té, etc.) y produjeron además una verdadera transformación ecológica de las regiones colonizadas.

Por todo esto se puede afirmar que el auge del colonialismo es la fuerza fundamental que empujó la revolución comercial que experimentó Europa en los siglos 16 a 18. Hubo fuentes adicionales de valiosos alimentos (como el maíz, las papas y gran variedad de guisantes, todos originarios de América) que se trasplantaron a Europa, transformando su agricultura, y después la agricultura del mundo entero. Y todo esto preparó el camino para la siguiente etapa del avance capitalista: la revolución Industrial (a fines del siglo 18 y comienzos del 19 en Europa), que condujo a un rápido aumento en la escala e intensidad de la producción.
El impacto de estas transformaciones sobre el Medio Ambiente del planeta se esclarece cuando examinamos los cambios habidos en cuatro áreas claves: la población, la energía, la industrialización y la urbanización en los cuatro últimos siglos (17 al 20)


POBLACIÓN

Año América Europa
1492 100 millones 70 millones

La población indígena americana fue diezmada por epidemias y por la violencia de la conquista. Un siglo después ya había disminuido en un 90%.
¿Y cómo se explica que con tan poca población inicial, los europeos hayan podido colonizar tantas tierras de ultramar?
Esta conquista demográfica de la mayor parte del mundo por gentes de origen europeo fue facilitada por una explosión poblacional en la Europa capitalista que se produjo por una gran caída en las tasas de mortalidad (en gran medida por significativas mejoras en la nutrición y la sanidad que redujeron las anteriores hambrunas y epidemias.) Por ejemplo, en Inglaterra y Gales (que son las cunas de la revolución industrial) tenemos:

1750 6 millones
1800 9 millones (aumento de 50% en 50 años)
1850 18 millones (aumento de 100% en 50 años)

Después de eso, la tasa declinó, pero la población siguió subiendo en términos absolutos hasta 33 millones en 1900, a pesar de que Gran Bretaña “exportó” 20 millones de personas entre el siglo 16 y los comienzos del 20 (Europa completa “exportó” 60 millones.)
Así, la población de origen europeo aumentó desde un 18% del total mundial en 1650 hasta un 30% en 1900.
Pero en el siglo 20 baja ostensiblemente el crecimiento: se constata en este caso el fenómeno que los expertos llaman “transición demográfica”, característica típica del paso de una sociedad pre-industrial a una sociedad industrial más desarrollada. Se dan los dos procesos siguientes:

de Altos índices de nacimientos se pasa a -------> Bajos índices de nacimientos
de Altos índices de fallecimientos se pasa a -----> Bajos índices de fallecimientos

Pero, en la primera etapa de la transición, opera fundamentalmente el proceso 2 (baja la mortalidad), y recién al final del período se igualan las dos tendencias, con el consiguiente aumento explosivo de la población durante el período. Y esto ocurre en los países centrales paralelo al gran desarrollo de la economía y de las fuerzas productivas.

En los países de la periferia, en cambio, la “transición demográfica” no se acompaña de un desarrollo económico y aumento de los ingresos paralelos, porque sus economías están orientadas fundamentalmente por los intereses de las metrópolis. Entonces, el gran aumento de la población no se acompaña de un mejoramiento sustancial del nivel de ingresos y de vida en general. De esta manera, el aumento total de la población mundial (que corre por cuenta de los países periféricos en gran medida) se ha transformado a la larga en un verdadero problema ecológico. En cifras, la situación mundial es como sigue:
1600 500 millones
1750 750 millones
1850 1.250 millones
1950 2.500 millones
1990 5.500 millones
Hoy 6.500 millones (1.000% de aumento desde 1600)
2020 8.000 millones (proyección; un 95% ocurrirá en la periferia)


ENERGÍA

La Revolución Industrial se basó también en una revolución en la conversión de energías inanimadas para satisfacer las necesidades humanas. Se puede afirmar que la civilización pasó desde el complejo “agua-madera” como elementos básicos de la economía, a un complejo “carbón-hierro”, en gran medida empujada por la creciente escasez de madera en el siglo 16.

Veamos algunas cifras:

Producción de carbón en Inglaterra:
Mediados del siglo 16 200.000 ton/año
Fines del siglo 17 3.000.000 ton/año

Producción mundial de carbón:

1800 15 millones ton/año
1860 132 millones ton/año
1900 701 millones ton/año (aumentó 46 veces en un siglo)

En el último tercio del siglo 19 comenzaron a explotarse el petróleo y el gas natural, se introdujeron los generadores eléctricos y se construyeron grandes centrales hidroeléctricas.

Consumo mundial de petróleo:

1890 10 millones ton/año
1920 95 millones ton/año
1940 294 millones ton/año
1970 2.500 millones ton/año

De todo esto se deduce una de las conclusiones más importantes de este trabajo: la industrialización que tanto admiramos y alabamos está íntimamente asociada al consumo de combustibles fósiles no-renovables, con un suplemento de energía hidráulica (y últimamente nuclear.)
Y aunque los aumentos de producción han sido considerables, los de consumo han sido aún mayores: 60 veces entre 1860 y 1985. Con un pequeño gran detalle: un ciudadano medio de EEUU consume 40 veces la energía que consume un tercermundista medio. Y el factor llega a 80 si se compara con el consumo de un subsahariano.


INDUSTRIALIZACIÓN

Detrás de estos cambios en población y energía yacen los cambios en la producción asociados a la industrialización y desarrollo capitalistas.

Fase inicial 1760 - 1840 fábrica de algodón
2ª fase 1840 - 1875 máquina a vapor, especialmente en FFCC
3ª fase (rev. "científico-técnica")fines 1880--->industrias acero, química, eléctrica
4ª fase fin siglo 19 automóvil
5ª fase 2ª mitad siglo 20 petroquímica, avión a propulsión, computadores

Así, la producción mundial aumentó dramáticamente:
• 1750 a 1980 en 80 veces
• en 2000 se fabrica 7 veces lo que se fabricaba en 1950
• en 2000 se extraen 3 veces tantos minerales como en 1950

A pesar de que el crecimiento se ha desacelerado a partir de 1970, igual se sigue expandiendo exponencialmente: sólo tomó dos décadas (1970-1990) para que la producción total se doblara (con un aumento de apenas 3,3% al año.) Si se mantuviera un 3% de aumento anual, la producción mundial se duplicaría cada 23 años. Con un 4% anual, se duplicaría en 18 años.

Pero la distribución de esa mayor producción es cada vez peor. Si se compara el ingreso per cápita de los actuales países desarrollados con los subdesarrollados, se tiene el siguiente cuadro (cifras en dólares del año 2000):

Año Desarrollados No desarrollados Centro/periferia
1750 180 180 1/1
1930 780 190 4/1
1980 3.000 410 7/1
Actualmente, el 75% de todo lo producido mundialmente es consumido por un 25% de la población (que vive en los países industrializados.)


URBANIZACIÓN

Antes de 1800, el mundo era principalmente rural y sólo un 2,5% vivía en ciudades. El primer país en tener más de un 10% de su población en ciudades fue Holanda al inicio del siglo 16. Después fue Gran Bretaña.

En 1800: Londres era la mayor ciudad de Europa con 850.000 habitantes.

En 1985: 43% de la población mundial era urbana, pero las cifras individuales eran:

EE.UU. Europa A.Latina Asia del Este Asia del Sur África
64 55 41 17 16 15

Las grandes aglomeraciones urbanas provocan consecuencias ecológicas a tres niveles: local, regional y global.

Localmente: Se altera la topografía y se reemplaza por un entorno de construcción de ladrillo, concreto, vidrio y metal en, sobre y debajo del suelo

Regionalmente: Se genera calor artificial; ciudades mayores de 250.000 habitantes se convierten en islas de calor, a mayor temperatura que la campiña que las rodea. Una ciudad de 10 millones puede tener una temperatura mínima media anual superior en 2,5º al área rural circundante

Globalmente Problemas atmosféricos: emisiones de azufre y de grandes cantidades de CO2, que provoca calentamiento global

Por otra parte, el desarrollo de las urbes propiciado por la industrialización va acompañado por un desarrollo paralelo de una agricultura “reduccionista” en las áreas rurales, donde la aplicación intensiva en capital y en energía mediante semillas híbridas, fertilizantes químicos, pesticidas, herbicidas y maquinaria agrícola generan cultivos económicamente transables –esto es, mercaderías- fundamentalmente para la exportación. La consecuencia inicial es un rápido aumento de la productividad agrícola, pero genera cosechas que son cada vez más dependientes de dosis cada vez mayores y costosas y menos eficientes de fertilizantes, herbicidas y pesticidas. Mientras tanto, la agricultura de sustento es empujada hacia tierras marginales o menos productivas, llevando a la deforestación y erosión consiguientes. Entre los casos más dramáticos está Haití, donde una población empobrecida lucha por sobrevivir en laderas montañosas deforestadas, mientras las agroindustrias trasnacionales son dueñas de las tierras más fértiles en los valles.

¿CUAL ES EL FUTURO?

¿Cómo debe enfrentarse este proceso desenfrenado de crecimiento que amenaza con ahogar a nuestro planeta?
Para ser sinceros, hoy es raro escuchar entre los sectores que se definen como socialistas, como marxistas o como revolucionarios alguna reflexión, teoría, análisis o sugerencia en este sentido. Hasta ahora parece haber evolucionado poco el pensamiento y utopía socialista que imperó durante el siglo 20 y que en la Unión Soviética por ejemplo se tradujo en ese famoso desafío-promesa de superar al mundo capitalista en producción al cabo de no sé cuántos años. Nótese: no se prometía superarlo en calidad de vida, ni en felicidad, ni siquiera en ingreso monetario: se le iba a superar en niveles de producción. Y esa confianza insuperable en el progreso material y en la posibilidad de estrujar sin límites a nuestro medio ambiente –la Tierra- nos conquistó prácticamente a todos, sin excepción.
Hoy día creo que ha llegado el momento de sacar cuentas, reflexionar con frialdad, analizar la realidad del mundo que vivimos, y agregar a nuestros análisis y propuestas políticas generales y parciales el ingrediente ecológico, antes de que sea el Medio Ambiente el que nos pase la cuenta y nos encontremos con una situación que sea tan difícil de manejar que ni siquiera nuestros proyectos, propuestas o programas sean capaces de ofrecer una alternativa.

EL PROYECTO SOCIALISTA

¿ Y cuál debe ser la forma y el contenido de una política socialista para el Medio Ambiente? Creemos que esto depende de la respuesta que demos a tres preguntas básicas:

1. ¿Hacia dónde nos lleva el sistema capitalista mundial? Con lo que hemos expuesto en la primera parte de este trabajo queda meridianamente claro que creemos que estamos caminando hacia una crisis ecológica y social.

2. ¿En qué grado el mundo capitalista puede cambiar este curso de acción mediante mecanismos tecnológicos o de otra índole? Aquí hay que señalar que las clases dominantes –cuando se dignan a reflexionar sobre la situación- no salen de su receta basada en nuevas tecnologías que permitirían superar los cuellos de botella y resolver los problemas que actualmente nos aquejan. Sin embargo, se extiende la opinión –no sólo entre los ecologistas y todas las variedades de políticos “verdes”, sino también entre científicos e intelectuales de diversas tendencias- de que esta receta de las tecnologías “milagrosas” no puede ni va a resolver el cúmulo de problemas de hoy día, ni menos los de mañana.

3. ¿Qué alternativas históricas existen al sistema capitalista? Tenemos la impresión, más que nunca antes, que se hace necesaria una transformación revolucionaria del sistema imperante y su reemplazo por un sistema socialista. Y ahora no sólo se trata de la necesidad imperiosa de solucionar las enormes desigualdades e injusticias económicas, políticas y sociales que siempre hemos atacado y nos habíamos propuesto erradicar. Hoy día se ha sumado este otro factor: la crisis ecológica descrita, que amenaza seriamente no sólo a la población humana sino al planeta en su conjunto. Y esta crisis no se va ni se puede solucionar con medidas individuales: no se trata de que nos conformemos como ciudadanos “responsables” con depositar la basura separada en tiestos de diferentes colores, ni de consumir sólo alimentos naturales, ni de dejar el auto en casa para viajar en micro al trabajo, etc., etc. El ataque al problema no puede ser individual; sólo una acción orquestada y masiva, que vaya a las raíces sociales y económicas históricas tiene posibilidad de logar un cambio de rumbo. Es decir, se requiere un amplísimo movimiento que involucre a la sociedad toda. Y de aquí se desprende casi automáticamente la necesidad de una sociedad organizada según las líneas que por siempre hemos asociado con la palabra Socialismo.

A MODO DE CONCLUSIÓN PRELIMINAR

Creemos que sólo si logramos llegar a un consenso respecto a las respuestas que daremos a las 3 preguntas recién planteadas, recién entonces tiene sentido y futuro el intentar un plan de acción concreto dirigido a luchar por resolver la crisis ecológica.
Sin embargo, es necesario tener en cuenta que a diferencia de la justa lucha por superar los desajustes políticos, económicos y sociales que nos han movilizado históricamente (y que no parece tener un plazo estricto en el tiempo, pudiendo posponerse por años o incluso por decenios su concreción), no ocurre lo mismo con la crisis ecológica: aquí los plazos no son infinitos; tienen en general rangos bastante estrechos que no dejan posibilidad de esperar “mejores condiciones” o “el momento oportuno”. Estamos obligados a jugarnos ahora. Y esto implica que, junto con la organización y agitación política y social tradicional, deberíamos movilizarnos por crear conciencia y juntar fuerza social en torno a la apremiante cuestión ecológica. Sin embargo, esto mismo –en vez de constituir una desventaja- debería transformarse en un gran aliciente y en un elemento motivador en nuestra lucha política. Porque, me pregunto: ¿no será más fácil convocar hacia el socialismo si se tiene por delante la perspectiva cierta del caos ecológico, que si hay que luchar exclusivamente contra el sistema neoliberal-consumista y su bazofia propagandística e ideológica? Dejo planteada la interrogante.
(Diciembre 2005)
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Fuentes
La totalidad de las tablas y gran parte de los conceptos presentados provienen del libro “THE VULNERABLE PLANET – A Short Economic History of the Environment” del autor marxista John Bellamy Foster; editorial Monthly Review Press, 1999, y en parte de un artículo editorial del mismo autor presentado en la revista “Monthly Review” del mes de octubre del presente año.

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2 Comments:

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30 diciembre, 2007  
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18 marzo, 2008  

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